Historias que cuentan



París, un (J) julio de verano

Por: Luis Eduardo Pineda – Rector.


“¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había

bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine,

al arco que da al Quai de Conti…”

(Rayuela,1, Julio Cortázar)


“París es un centro, entendés, un mandala que hay que

recorrer sin dialécticas, un laberinto donde las fórmulas

pragmáticas no sirven más que para perderse”

(Rayuela, 93, Julio Cortázar)


Cuando cumplí veinte años no me había enamorado, no había viajado y no había leído lo suficiente. En ese momento mi mejor amigo me prestó una novela de la que yo no había oído hablar, Rayuela, del argentino Julio Cortázar, y esa lectura fue un verdadero enamoramiento en tres vías: me enamoré de la literatura, de los viajes y de París. Rayuela es la historia de un inmigrante argentino en París (una ciudad que la historia ha romantizado hasta más no poder) dedicado a la bohemia, la literatura, las calles y el amor.

Y como muchos enamoramientos, me llené de frustraciones, no podía comprar los libros que quería, no tenía cómo viajar y, mucho menos, cómo ir a París.


Con el pasar de los años vi cómo esas frustraciones se fueron transformando en itinerarios, en bitácoras, en hojas cartográficas de mi vida. Veintiún años después de haber leído Rayuela, de tanto planearlo y de tanto soñarlo, pude hacer mi primer viaje fuera del país, y adivinen a dónde fui a parar, sí, claro que sí, una tarde de julio del 2017 llegué por fin a París.


Compré en un pulguero esta edición de rayuela de 1984, año en el que murió Cortázar


En este primer viaje estuve un mes de ciudad en ciudad por seis países diferentes de Europa, pero, por supuesto, a quien más tiempo le dediqué fue a París. Estuve una semana allí, en una de las ciudades más icónicas del mundo. Pero durante esos días no seguí la acostumbrada ruta de los turistas (Torre Eiffel, Arco del Triunfo, Museo de Louvre, etc.). Llegué a París a perderme por los recovecos, rincones, calles, cafés, librerías y pasajes que son mencionados en Rayuela.


En el Quai de Conti, el muelle que se menciona en la primera frase de Rayuela


Libro y mapa en mano fui de lugar en lugar, comenzando por el apartamento en el que vivió Cortázar los últimos años de su vida, y estuve desandando una historia, la historia de la novela y la historia de mis enamoramientos de más de veinte años.


En el edificio donde vivió Cortázar


Por supuesto, como todo enamoramiento, este cuento tiene cosas buenas y algunos altibajos, París sigue siendo una ciudad bellísima, en su arquitectura, en su espíritu, en su luminosidad, sin embargo, ya no es la misma de los años 50 en los que fue escrita Rayuela. El excesivo turismo le ha quitado algo de bohemia y de centro cultural, incluso los bulevares de la moda asfixian un poco por su banalidad y superficialidad.


Pero, en fin, este viaje fue una gran iluminación pedagógica, aprendí que toda la vida es en sí misma un viaje, que todo lo que hacemos implica un plan (aunque el plan sea no querer tener claro a dónde ir), un mapa, una ruta, un camino, una maleta, unas provisiones, un amigo, un amor, un libro… Aprendí que, aunque me haya tomado veintiún años, estos tres enamoramientos me han dejado una vida que cada vez es más larga y diversa de contar. Me han dejado más de cincuenta libros leídos en mi biblioteca solamente sobre o de Cortázar; me han dejado la conciencia de que viajar es una experiencia profundamente humana, necesaria, significativa, adictiva y reconstituyente, después de París he salido del país unas cuatro veces más (además, la certeza de que hoy en día hay formas de viajar mucho más económicas de lo que pensaba); y me han dejado la profunda convicción de que París no es el mundo, que el mundo es un horizonte de infinitas posibilidades por explorar.




Los mejores momentos de la vida, se viven viajando


Por: Adriana Linares, Directora de grupo 201.

Cuando se quiere transportar la mente para aislarse del día a día, sanar las heridas, celebrar los triunfos, disfrutar de la amistad, gozar del tiempo con la familia, organizar los proyectos, añorar y construir los sueños, lo mejor para ello es ¡viajar!


Sí, ¡viajar! Es la puerta para sentirse libre, para olvidar las penas, para recordar que tenemos el mundo a nuestros pies y disfrutar lo que la vida nos brinda, descargar los pensamientos, alimentar el corazón y definitivamente vivir feliz.

Cada aventura esconde paisajes maravillosos, historias increíbles, tradiciones que dan enseñanzas, te bendicen con la hospitalidad de sus pobladores que te hacen sentir como en familia.


Todos estos recorridos han sido junto a mi cómplice, quien me acompaña, me lleva y me trae con el mayor de los gustos.

Es por esto que le agradezco a mi Dios, a la vida y todas esas personas bonitas que hacen parte de mi recorrido por este mundo.






El arte suave


Por: Sergio Viloria – Docente de Cocina.

Sin duda alguna la pandemia nos afectó a todos y de diferente manera, el sedentarismo rediseñó todos nuestros esquemas comunes, la rutina absorbió muchas partes fundamentales de nuestro ser, sin embargo, decidí afrontar nuevos retos, salir de mi zona de confort, volver a las artes marciales para mí debía ser una prioridad. Inicié desde casa y desde cero, todo lo que ya había hecho en un pasado lo dejé a un lado, agaché mi cabeza y le dije sí al tatami.


Me encontré con viejos conocidos y nuevas rutinas que fueron acostumbrando mi cuerpo a absorber lo que más pudiera de aquellas nuevas artes. Encontré un espacio en el que podía hallarme y sentirme con calma.

El jiu jitsu, es un arte marcial silencioso y suave que sin golpes consigues dominar al cuerpo entero, el juego del movimiento, control, posición y sumisión, un balance perfecto entre paciencia y fuerza. Sin lugar a dudas se convirtió en parte de mi vida, sin embargo, todo esto no habría sido posible sin tener en mente la constancia de un arte como éste, la disciplina y el deseo de aprender día a día de la mano de mi coach.


Luchamos a diario, entrenamientos durante 5 días seguidos, un bloque de trabajo en las mañanas y uno intenso por las tardes, el desgaste semanal es máximo, sin embargo, mis metas están en dominar mis miedos, sentirme en familia, cuidarnos entre todos, seguir siendo leal a mis principios y sobre todo aprender. Mis 4 strike en mi cinturón son el resultado de creer en mí, de escuchar a los demás, de seguir recomendaciones, de desear aprender y sobre todo de trabajar en mí el hábito de querer avanzar.