Historias que cuentan

Los encantos de Guatavita

Por Ruby Magdalena Muñoz, Asistente Administrativa, Área de donaciones.


Mi nombre es Ruby Muñoz y hace 24 años estoy trabajando en la Fundación Ana Restrepo, soy de Guatavita -Cundinamarca, un hermoso pueblo muy cercano a nuestra capital.

La antigua Guatavita fue inundada para formar la represa del Tominé que genera energía para la ciudad de Bogotá; por este motivo se reconstruyó un nuevo pueblo y hace 54 años sus antiguos habitantes se trasladaron al pueblo actual.

El pueblo en sí se caracteriza por su estilo colonial, con las fachadas de las casas blancas, sus tejas en barro tipo español y sus detalles en madera.

Uno de sus grandes atractivos turísticos es la Laguna del cacique Guatavita, ubicada a las afueras del pueblo vía Sesquilé.

Guatavita es un sitio muy tranquilo y acogedor, donde puede montar lancha en la represa, a caballo por sus alrededores y recorrer el pueblo en Guatatren o chiva, también puede probar sus deliciosos postres y comprar su gran variedad de artesanías y recuerdos. No dejen de visitarla.



Ruby con su hija Laura y su sobrina María José


Viajar en familia es lo máximo

Por: Ángela Arias, Docente de matemáticas 5°, 6° y 7°.


Desde hace ya bastante tiempo, junto a mis papás, mis dos hermanos y mi hermana, hemos tomado la decisión de conocer cada rincón de nuestro país. En ocasiones por razones laborales no podemos viajar todos, pero siempre surge un paseo o viaje corto el cual es la revancha a aquél en que no pudimos estar juntos, como hace 2 años cuando fuimos al eje cafetero, mis papás, mi hermana, mi cuñado y mi sobrina, en entonces, dos años de edad.


Nuestro viaje fue por carretera en el carro de mi cuñado y el primer destino fue Armenia. Nos hospedamos en un hotel que tenía una vista espectacular, algo que me llamó bastante la atención es que el desayuno en esta zona geográfica del país es prácticamente un almuerzo, te servían: chocolate, pan, jugo de naranja, calentado de frijoles con arroz, huevo, arepa y queso, esto me tomó por sorpresa pues no me imaginaba comer lo mismo todos los días.


Desde Armenia fuimos a Salento, un pueblo lleno de muchas artesanías e historia y conocido por sus famosos patacones, los probamos y nos parecieron estupendos. Al día siguiente fuimos al Parque del Café, subimos a gran parte de las atracciones, como era temporada alta había bastante fila para el ingreso, me gustó mucho subirme al teleférico ya que desde arriba se podía ver la vista panorámica del parque y los cultivos de café a lo lejos. Con mi papá y mi hermana nos subimos al “krater”, una de las montañas rusas más extremas del parque, la experiencia en el momento fue estupenda, pero jamás me volvería a subir a una atracción de tal nivel.


También fuimos a Panaca en Quimbaya, allí le di tetero a los marranos y a las cabras, también vimos la exhibición de toros, no conocía que había tanta variedad de razas de estos animales, vimos también una carrera de marranitos y por primera vez vi un avestruz, fue un día espectacular de muchos aprendizajes sobre los animales, pero también muy agotador, tanto así, que al otro día nos quedamos descansando en el hotel y en la piscina.


Nuestro último destino fue Pereira, fuimos a las termales de Santa Rosa de Cabal, antes no había ido a un lugar como éste, se sentía paz y tranquilidad y además una relajación inexplicable al estar sumergido en esas aguas, al salir comimos el tradicional chorizo santarrosano con arepa y agua de panela, sabía delicioso. Al día siguiente, tomamos camino nuevamente hacía Bogotá con nostalgia, pero felices de haber visitado lugares tan maravillosos y de paso tachamos estos destinos de nuestra lista de lugares por conocer de Colombia.


Después de la cuarentena, hemos hecho viajes cortos a municipios aledaños a Bogotá, el próximo año viajaremos todos (mis papás, mis tres hermanos y sus parejas y mis 4 sobrinos) a Santa Marta, ya es la cuarta vez que vamos como familia.


Ángela con su familia en el Parque Panaca.